2017 23 dic
Gastronomía / Artículos ¿Mercados con futuro? ¿Hasta cuando debemos esperar para que los mercados municipales se actualicen a los nuevos hábitos del consumidor? Editor: CREARMAS E+G

Estudiar el comportamiento del consumidor tiene relación no sólo con lo que los consumidores adquieren, sino también con las razones por las que compran un producto, cuándo lo compran, dónde, cómo y con qué frecuencia. Existen consumidores que por sus opiniones y recomendaciones influyen en la decisión de compra de otros. A pesar de que este análisis adquiere mayor importancia con el tiempo, en la actualidad da un giro radical en cuanto al comportamiento de los hábitos de consumo en relación a algunos años atrás.

El cambio tecnológico es una de las principales variaciones, así como el cambio en la cultura y tradiciones de los consumidores actuales. La constante evolución de la tecnología ha generado un cambio prfoundol y en consecuencia las empresas deben brindar a sus clientes una atención personalizada con el fin de no venderle solamente bienes o servicios, sino experiencias y estilos de vida. Todo esto genera cambios en el comportamiento y necesidades de las personas, por lo que es necesario que las empresas evolucionen conforme los gustos y necesidades del cliente con el propósito de optimizar el servicio al cliente y generar mayor rentabilidad.

Y es en este nuevo contexto donde los mercados siempre han de posicionanarse para volver a su papel dominante de antaño. Históricamente el comercio de proximidad creció a su sombra siendo probablemente el más importante motor dinamizador de la actividad económica en los barrios. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX, acompañando al propio desarrollo de las ciudades, surgen los primeros establecimientos que van a albergar a los mercados municipales, atendiendo a la necesidad de cubrir los requerimientos de abastecimiento urbano siguiendo ya unas normas higiénico sanitarias y urbanísticas. Durante las décadas de los 50- 70 alcanzarán su máximo éxito y desarrollo, pero a partir de los años 80 las ciudades sufren un proceso de contraurbanización, un cambio de sentido en el proceso del crecimiento de las ciudades, de tal forma que la población de los centros metropolitanos más antiguos salía hacia otras áreas no metropolitanas, exteriores a los anillos suburbanos de las mismas.

Todo ello vino acompañado de un cambio en los hábitos de consumo, del envejecimiento de los cascos urbanos y la aparición de una dura competencia con otros formatos comerciales perfectamente adaptados a los nuevos hábitos de vida. Así se inicia un proceso de decadencia de los mercados municipales.

El mercado municipal compite hoy en día con otras fórmulas comerciales, lo que obliga a estudiar el comportamiento del consumidor final. El mercado municipal minorista debe adaptar su oferta comercial a las características de los segmentos de consumidores con la finalidad última de conseguir fidelizarle mediante la mejora de la calidad del servicio. El mercado debe realizar una oferta de atributos comerciales que se ajuste a las demandas del segmento de mercado objetivo. Por consiguiente deberá ofrecer una combinación de variables que resulte atractiva para su segmento objetivo y así poder convertirse en el formato elegido por los compradores.

El objetivo no es otro que conseguir un acto único de compra. Los mercados deben reconvertirse en centros especializados en productos de la compra cotidiana. Los mercados deben luchar por captar un público más joven (menor de 40 años) y con mayor poder adquisitivo, fidelizándolo.

Precisamente este público joven es uno de los grandes dolores de cabeza para los gerentes del mercado tradicional. En primer lugar, porque  la gente joven ha perdido los valores de elaborar comida como las de la abuela, "es muy difícil que hagan potajes y pucheros". Por ello hay que luchar para que la gente joven comprenda que una alimentación sana es importante para tener una vida de calidad, porque en este país la principal causa de muerte está relacionada con enfermedades cardiovasculares, que están muy relacionadas con un estilo de vida poco saludable, una alimentación baja en frutas y verduras, pescados y escorada hacia los hidratos de carbono, que son más fáciles de cocinar y elaborar. 

En segundo lugar, y seguramente la mayor causa de que este público joven tenga olvidado estos espacios comerciales son los horarios, de siete de la mañana a dos de la tarde, que solamente dan una posibilidad a la gente que trabaja hasta más allá de las tres de la tarde: madrugar para comprar o bien esperar al sábado para hacer la compra. 

Los mercados no podrán renunciar a ningún público en los próximos años.  El futuro pasa por unos mercados muy competitivos, por captar nuevos clientes

 




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