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Este hecho representa dos consecuencias, por un lado, la perdida de capital humano emprendedor y por otro lado y el más grave, que las personas que viven la cultura del esfuerzo como algo positivo para conseguir sus metas, empiezan a ser mal vistas y como si estuviesen haciendo algo incorrecto.
Os pondré un ejemplo. El otro día me tope con un gran amigo Andrés, el cual me explicaba gran entusiasmado todos los proyectos que llevaba entre manos. Me quede perplejo de la capacidad de gestión de tiempo, de la inquietud y la gran inquietud que tenía por realizar tantas cosas.
Entrando en detalle la conversación derivo a que con gran preocupación, empezaba a sentir una profunda frustración al ver en su entorno profesional más cercano, ni le seguían a la misma velocidad de trabajo e incluso cuestionaban el hecho que estuviese en tantos frentes a la vez y estuviese tan implicado en los proyectos. Andrés no entendía la situación que estaba viviendo. Andrés me explico que para hacer frente a todos sus proyectos, había dejado atrás los ocios.
Me decía “Jorge no tengo vida social, he abandonado el tenis y el gimnasio. Estoy volcado con mis proyectos profesionales, y aquellos que no se implican en el trabajo y se pasan toda la semana hablando de programas freakys y haciendo planes para el fin de semana, son los que más en contra están de mi actitud emprendedora y más difícil me ponen las cosas internamente. Es que ya no hay valoración al esfuerzo, menos mal que tengo amigos como tú y mi mujer que entiende el sacrificio que estoy haciendo, sino tiraba la toalla. Yo no quiero que me den palmaditas en la espalda pero, al menos que entiendan que hay un esfuerzo adicional para conseguir y realizar todo aquello que estoy haciendo.”
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Es triste ver como personas como Andrés, que pueden hacer un gran bien para la sociedad y su entorno más cercano, se ve mermado por una mala acogida de su entorno más directo.
En la situación de Andrés pueden pasar dos cosas: que sea un luchador y no escuche su alrededor o que tire la toalla viviendo demasiado del entorno. Lo realmente preocupante es que además de vivir una realidad ante la pérdida de valores entre ellos la cultura del esfuerzo.
En tiempos como los actuales, con una coyuntura económica galopante, todavía parte de la sociedad no entienda que el esfuerzo y la perseverancia, puede hacer su futuro menos difícil. Este tipo de personas ni avanza ni deja avanzar y lo peor es que critica a los luchadores que se esfuerzan con perseverancia por conseguir sus metas.
























