Influir talento y meritocracia

Influir talento y meritocracia

El binomio entre mérito y talento debería dar como resultado una fórmula ganadora, pero en la sociedad actual muchas veces no resulta así. Nos llenamos la boca hablando de valores y de la transparencia de nuestras organizaciones pero haciendo un símil fácil, el ‘dos más dos son cuatro’ a la práctica no suma por ninguna parte. A nuestro alrededor últimamente todo el mundo se llena la boca hablando de valores pero ¿estamos delante de una realidad o sólo nos quedamos en las palabras?

Si fijamos la vista en la sociedad civil, en la política, por ejemplo, la meritocracia  y, por supuesto los valores, parecen brillar por su ausencia. Los telediarios y las páginas de periódicos nos anuncian cada día nuevos casos de corrupción y ¿qué hacen los hipotéticos responsables de estos casos de malas praxis? Nada. En el mundo de la empresa parece que las cosas empiezan a cambiar y cada vez es más generalizado que éstas se rijan por una cultura basada en la meritocracia, el valor de los empleados y sus logros reales en la organización.

En este término, como pasa muchas veces, la cultura empresarial anglosajona y, particularmente la americana, nos lleva mucha ventaja. El paradigma del ‘sueño americano’ según el cual la igualdad de oportunidades permite escalar a altas posiciones y grandes fortunas, se traduce en una potenciación de la meritocracia.

Aunque pueda parecer un término de reciente acuñación la meritocracia está lejos de ser un concepto nuevo y vanguardista. Fue empleado por el sociólogo y político Michael Young por primera vez en 1958 cómo una sátira a la democracia. Young, en su obra ‘The Rise of Meritocracy’ plasmaba un sistema en el que favorecía la inteligencia y el mérito por encima de todo. Y es que una cultura organizacional basada en la meritocracia es precisamente la que fomenta la capacidad de liderazgo, la que tiene en cuenta el talento de los que forman parte de la empresa y los empleados son recompensados por su esfuerzo, resiliencia, y creatividad. Actuando así aumenta el compromiso de los empleados en el desempeño de sus labores.

En este punto es muy importante ser rigurosos a la hora de contratatar y/o promocionar personal. La autonomía a la hora de seleccionar personal, en el mundo de la empresa, o elegir, por ejemplo, políticos o representantes en el ámbito social, debe venir acompañada por una rendición de cuentas estricta. Solo así garantizaremos que se seleccione a los mejores y, no menos importante, se mantenga la ilusión y el esfuerzo con el paso del tiempo.

En una meritocracia, un buen líder no es el que tiene todas las ideas sino el que se asegura que consigue que su equipo tenga las mejores ideas. Y en la sociedad en la que nos encontramos, y, pensando sobre todo, en la que queremos estar en el futuro, la suma de mérito y talento no debe dar ningún error de cálculo.

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